Arrogancia, la elegante palabra del que confía en sí mismo y en nadie más.
Hoy, después de haber librado magnas batallas con mi arrogancia, puedo decir con especulativa certeza, qué oportunidades he perdido y las revelaciones que de la sabiduría no he sabido escuchar, mi cuerpo se manifiesta y me he mirado al espejo con grandes heridas debido a que mi arrogancia me azota dia a dia; le puedo decir que esas batallas han resultado fatales.
Una particular batalla estoy viviendo en estos días, se trata de mi Altísima Arrogancia, que me ha dejado inmovilizado y se ha revelado con más frecuencia en estas semanas, me ha inmovilizado, incluso con mis escritos en este blog.
Cuando “pienso” es cuando se manifiesta en forma más clara y explícita, la arrogancia. Me quita espacio para escuchar y aprender de los otros. Me he visto en incontables ocasiones ausente de conversaciones enriquecedoras por el solo hecho de cerrar la boca y ocupar mi mente en pensar en lo que voy a decir.
Siempre ha sido la pregunta ¿Quién soy? una de las que mas cariño le he tomado, no por eso es una buena o mala pregunta, solo “es”. Lo que es (“soy”), lo que (me) hace, será moverse a una reflexión comprometida de identidad. Soy lo que hago y lo que los demás ven que soy.























